La también llamada “edad de la punzada” es solo una etapa en la vida, más allá del drama que supone para muchos padres de familia. Por supuesto genera cambios físicos en el adolescente, mismos que pueden desquiciarlo, deprimirlo, asustarle o mermar su autoestima; también son momentos que provocan modificaciones en su forma de pensar, actuar y reaccionar ante diversos estímulos, además de un continuo desasosiego emocional por encontrarse en el proceso para definir su personalidad y encontrar su camino.