Lo que la montaña me enseñó

Lo que la montaña me enseñó


Estoy a la mitad del volcán La Malinche, llevamos cuatro horas escalando y pareciera que la cima está aún demasiado lejos. Apenas se alcanzan a ver unas pequeñas figuras humanas cerca la punta. ¡Que ganas de ser uno de ellos y conquistar la cima! ¿Cuánto faltará?, ¿Lograré encumbrar? Empiezan a asaltarme las dudas. ¡Mi mente no tiene descanso! Y lo peor del caso es que pareciera que todas las ideas que van y vienen son negativas. Dudo ser suficientemente fuerte, siento que los demás están bastante mejor entrenados que yo, pienso que no tiene sentido el estar haciendo esto. ¿Por qué se me ocurrió proponerme este reto cundo yo podría estar tranquilamente en cama?


Me doy de pronto cuenta de todas las ideas negativas que me asaltan y me pregunto, ¿Por qué me boicoteo así?, ¿por qué no, en lugar de desgastarme con estos pensamientos me genero ideas positivas que me den fuerza?


Empecé por dar un paso más y decirme en voz alta: “¡Eres más fuerte de lo que crees!”, “Yo creo que puedo lograrlo”, “Soy capaz”, “Soy determinada”, “No voy a dejar que esto me venza”. Y tras cada afirmación respiraba profundamente y avanzaba con determinación.


Dejé de mirar la cumbre, me enfoqué en ver mis pies y el espacio que iba recorriendo a cada zancada. Mi atención estaba centrada en la acción que en ese momento realizaba. Mis pensamientos estaban en el presente. Dejé de pensar en el futuro, dejé de cuestionarme si alcanzaría o no la meta. Me dediqué a sentir mi respiración, la fuerza y el esfuerzo de mis piernas. Perdí la noción del tiempo y me enfoqué totalmente en la tarea.


En mi mente empezaron a brotar de manera espontánea pensamientos positivos: “Vas bien”, “estás avanzando”, “vas a lograrlo”. Seguí así por un par de horas más hasta que empecé a sentir nuevamente que el cansancio me invadía.


Y entonces me digo: “Esta bien descansar un poco y recuperar la energía”. Estoy tentada a voltear a ver otra vez la cumbre y en lugar de eso decido sentarme de espaldas para ver todo lo que he recorrido. Doy un par de tragos a mi botella de agua y me quedo contemplando todo lo que ya he avanzado.


Me sorprende ver desde dónde he venido, un lugar que apenas logro ahora divisar. ¡Qué bueno fue darme un descanso y poder observar todo lo que he logrado! ¡Me sentí orgullosa de mí! No me había puesto a ver todo lo que había ya logrado por estar enfocada en lo que me faltaba por recorrer.


Esa sensación de satisfacción me llenó nuevamente de energía. El breve descanso y tomar agua me hizo también recuperarme.


Inicio nuevamente la escalada y todo comienza a complicarse, pues el camino se vuelve pedregoso. Es difícil subir entre tantas piedras, me siento inestable, temo resbalar. Vuelvo a gestionar mis pensamientos y a generar ideas positivas: “Ya llegaste hasta acá y no vas a dar marcha atrás”.


Después de las piedras viene la ceniza, lo cual complica las cosas todavía más. Voy resbalándome y pareciera que doy un paso y me regreso dos; otro paso y nuevamente para atrás.


Veo mi reloj y me doy cuenta de que llevo caminado siete horas sin parar. Al siguiente paso me resbalo unos cuantos metros y me quedo hincada. Siento que no puedo levantarme ya, creo que no puedo más.


Y entonces ya no hablo conmigo sino con Dios: “Dáme fuerzas para lograr esta prueba. Quisiera llegar a la cima. Sentir que lo he logrado y llenarme de alegría, pero que no sea para vanagloriarme más bien para que esto me aliente a sobrellevar los retos que la vida me ofrece”.


Hay un gran silencio, sólo el sonido de mi respiración. Volteo a ver mis manos que están sobre la ceniza y de pronto alcanzo a ver que hay una pequeñísima flor silvestre saliendo de entre la grava, la descubro con todo cuidado y me pregunto: ¿Cómo puede ser que haya crecido y sobrevivido aquí?


No hay ninguna otra planta cerca, toda la vegetación quedó mucho más abajo en la montaña y acá sólo hay piedras y arena.


Es una señal, un mensaje muy claro: “Si esta florecita logró vencer la adversidad también tú puedes”. Sonrío con lágrimas en los ojos y doy gracias... ¡Entendí tu mensaje, sé que voy a lograrlo!


Llegué a la punta dos horas después. La parte final requirió de mucha fuerza y destreza, pues las rocas se volvieron cada vez más grandes. Algunas las rodeaba, otras las escalaba, pero al final de cada obstáculo librado representaba una oportunidad de estar más cerca de la cima.


Cuando el viento arreció supe que estaba cerca y miré al final la cima. Estaba a pocos pasos de llegar, mi corazón se sentía alegre y sentí el impulso de correr, pero me frené pues había que ser cauto y disfrutar los pasos finales. Volteé a mi alrededor y me hice muy consciente del momento presente hasta que alcancé la cima.


Al poco tiempo otros empezaron a llegar a la cumbre, nos saludábamos y felicitábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Algunos de ellos se acompañaron todo el camino y otros terminaron escalando solos, pero al final nos encontramos en la cima y compartimos el momento.


Al poco tiempo de haber escalado la Malinche, se presentó una prueba muy grande y dolorosa en mi vida; ahí me di cuenta de que la experiencia de haber encumbrado mi primera montaña me había dado muy claramente los pasos que tenía que seguir para salir adelante y así fue.


Te los comparto esperando que te sean de utilidad pues yo los he aplicado en diferentes momentos difíciles de mi vida y me han sacado siempre adelante.


Cuando enfrentes una dura prueba:


1. Gestiona tus pensamientos. No dejes que las ideas negativas te debiliten y hagan perder la confianza.

2. Empieza a decirte en voz fuerte y clara mensajes positivos.

3. Enfócate en dar un paso a la vez y no mires al futuro. No pienses en todo lo que tendrás que hacer para salir adelante.

4. Detente a ver todo lo que has logrado.

5. Descansa si lo necesitas y recupera energía.

6. Pide, en quien crees, con toda tu alma el lograrlo.

7. Escucha las señales.

8. No corras por llegar.

9. Disfruta plenamente el logro de cada meta.

10.Celebra y comparte con otros.


Cada uno de nosotros tendremos en la vida que subir una o varias montañas, habrá duras pruebas y momentos en los que sintamos que no podremos lograrlo. No olvides que las pruebas están para lograr grandes aprendizajes y que están hechas a tu medida. ¡Al estar en la cima comprenderás!   



Theresia Pfennich

Directora de Colegio Copán

y CEO de Menara Community


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